Ella.
Quizás un sueño, o no.
Quizás estuviese dormido, o quizás no.
Pero tal y cómo deseaba, allí estaba ella, llorando por no saber que hacer.
Todo el daño y todos los malos ratos que le había causado y que me quedaban por causarle se agrupaban en esas lágrimas y sollozos…
Maldita la migraña que en mala hora hizo dolerme, que asentado con unos amigos en el hogar de uno de ellos junto a la parienta hicieron que no percatase de ella.
Pero ahora que hacer si todo lo que quiero, lo que amo, y el papel protagonista de mi vida se esfuman cómo la ceniza de un cigarro…
¿Qué hacer?
Sólo queda delinearse con rotulador permanente las líneas discontinuas de las muñecas, y esperar sentado en una silla a que la vida se aleje de la conciencia.
Doscientos cuarenta y un días, ni más ni menos noches y días han de esperar sus egos para separarse mutuamente…
¿Qué hacer?
Más para el carro, aún no todo está perdido. Un ápice de concienca habrás de tener para retornarla tuya. No malgastes tu tiempo en lágrimas inútiles que nadie ve, gástalo en demostrarlo, cada noche más, lo que tu corazón y tu alma son capaces de dar.
Kelmith. 29-4-07. 11:28-14:43. [Peor que ayer, no mejor que mañana...]

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